El miércoles día 30 de marzo, dos veloces cuatrorruedas soltaron amarras rumbo a Jerez con una tripulación de lo más variopinta. Universitarios del norte, del sur, de oriente y poniente. Tras algún que otro contratiempo en la carretera, llegamos a Pozoalbero –la casa que los acogería esos días- caída la tarde.
A partir del jueves – Jueves Santo – los eventos se sucedieron sin solución de continuidad. Por la mañana visitamos las célebres bodegas Garvey, cuna del exquisito fino jerezano que tanta alegría ha repartido y reparte por la ya alegre Andalucía. Tras comer el Pozoalbero y asistir al oficio de Jueves Santo ataviados con nuestras mejores galas, fuimos a Jerez a disfrutar del color y el sentimiento de las procesiones. Ignacio, nuestro reportero gráfico, logró atrapar con arte aquellos momentos tan especiales con el objetivo de su cámara, a ritmo de doscientas fotos por segundo.
Era de noche. La noche más oscura del año se cernía sobre Jerez. La expedición dividió sus rumbos, yendo unos a ver los pasos a la madrugá de Sevilla y otros a Jerez de nuevo. Ante nuestros ojos desfiló, jalonada con saetas y sentidos redobles de tambor, la Semana Santa sevillana en todo su apogeo. La Macarena, el Gran Poder, la Esperanza de Triana, el Cristo de los Gitanos… Una madrugá para recordar. Pero el madrugón no perdona y, ya a mediodía, nos dejamos caer como sacos de arena a orillas del Guadalquivir con unos espléndidos bocatas de queso bajo el brazo. Por la tarde, asistimos al solemne oficio de Viernes Santo en el Hospital de la Caridad hispalense.
El Sábado Santo por la mañana nos esperaba en la Base Naval de Rota (Cádiz) José Miguel, capitán de fragata, quien nos hizo un recorrido por el que fuimos contemplando las joyas de la corona de nuestra querida armada. Además, hicimos una breve pero interesante incursión en el sector americano, donde dos sargentos de la USAAF uniformados al más puro estilo del Desert Storm nos introdujeron en los inmensos vientres de los aviones de transporte C-5 Galaxy.
Y llegó la Pascua. El domingo pudimos disfrutar de una mañana de lo más soleada en la playa de Rota, tras lo cual fuimos a Sanlúcar a saborear unos salmonetes y un fantástico arroz caldoso. La tarde no fue para menos, pues un par de amables gaditanos nos enseñaron la “tacita de plata” con todos sus encantos.
El lunes por la mañana emprendimos en regreso a casa, con el sabor de Jerez todavía en el paladar, una sonrisa y cientos de recuerdos para contar en casa.